Las fiestas suelen mostrarse como un momento obligatoriamente feliz, pero para muchas personas diciembre llega con tristeza, enfermedad, duelo, tensión familiar o simplemente con el cansancio emocional acumulado del año. En estos contextos, las reuniones pueden sentirse incómodas, ajenas o incluso dolorosas. A veces surge el impulso de no asistir, y eso puede ser válido, y otras veces, aunque sea difícil, asistir podría ser más sano. Para ayudarte a tomar una decisión más clara, aunque no menos difícil, te propongo las siguientes ideas:
- Pregúntate para qué asistirás (o para qué no). Si vas sólo por compromiso, reconócelo sin disfrazarlo. Si decides no asistir, recuerda que cuidarte también es una razón válida. Ser honesto contigo evita la culpa innecesaria.
- Ajusta tus expectativas. No esperes que la reunión cure algo, que los demás cambien o que te entiendan a la perfección. Tampoco imagines el peor escenario posible. Mantener expectativas realistas reduce la carga emocional si las cosas no salen como esperabas.
- Evita exigirte sentir “lo que deberías”. No tienes que estar alegre. No tienes que haber “superado” cierto tema. Obligar a tus emociones a encajar en la celebración sólo aumenta la sensación de fracaso. Permítete sentir lo que realmente sientes.
- Encuentra algo que sí puedas valorar. Puede ser un momento tranquilo, una conversación sincera o incluso reconocer que te retiraste a tiempo. No permitas que lo incómodo defina toda la velada.
- Tolera la incomodidad emocional. Puede haber comentarios torpes, silencios tensos o recuerdos dolorosos. Reconoce la emoción, por algo aparece, y recuerda el motivo por el que decidiste asistir.
- Sé específico con tus límites. “Voy a estar bien” es demasiado general. Define lo que harás y lo que no: cuánto tiempo te quedarás, temas que evitarás, dónde sentarte o con quién mantener distancia. Esto te da control y reduce ansiedad.
- Considera lo que pasó en reuniones anteriores. Tu mente tiende a sobrepensar lo negativo. Recuerda qué sí te ayudó antes: con quién hablaste, qué evitaste, qué decisiones te hicieron sentir más tranquilo(a).
- Mantén tus rutinas básicas. Duerme suficiente, come a tus horas y respeta tus ritmos. Puede parecer menor, pero una rutina sana sostiene tu estabilidad emocional y hacen que los momentos difíciles pesen menos.
- Programa algo agradable antes o después. Una caminata, una película, ver a alguien en quien confías. Equilibrar la reunión con algo placentero evita que todo el día esté oscurecido por algún aspecto de la reunión.
- No te compares con las “familias felices” de redes sociales. Esa comparación alimenta la exigencia de que lo que vives no debería de ser así, haciendo a un lado lo que valores y sí ocurre. Las tensiones familiares son comunes, no hablan de tu valor, y ahora ya puedes decidir hasta qué punto es sano convivir y cuándo es mejor retirarse con decisión y sin culpa.
Estar triste, extrañar a alguien o tener una familia complicada no significa que estés fallando. Significa que estás viviendo algo humano. Si aplicar estas sugerencias te resulta difícil o sientes que nadie comprende lo que atraviesas, buscar apoyo profesional puede ser un buen siguiente paso para entender lo que buscas.
Publicado originalmente en: https://psicomerida.com/blog-articulos-y-mas/