Como cada enero, llenos de entusiasmo, hacemos listas de metas y sueños para el Año Nuevo. Sin embargo, aunque cueste admitirlo, muchas de esas metas se quedarán a medias o ni siquiera llegarán a empezar. No es falta de fuerza de voluntad ni de determinación, suele ocurrir porque planeamos desde la emoción del momento, sin considerar cómo funciona realmente el cambio personal.
Desde la terapia cognitivo-conductual sabemos que avanzar no es sólo cuestión de ganas, sino de entender cómo pensamos, cómo actuamos y cómo nos sentimos. A partir de este enfoque, te comparto 10 ideas o consejos que pueden servirte como guía para plantear tus propósitos de manera más realista y sostenible.
1. Toma en cuenta lo logrado.
Tu mente suele fijarse más en lo que falta que en lo que ya conseguiste. Volver a mirar tus avances cambia esa balanza interna y te permite empezar desde un terreno más justo para ti. No empiezas en cero.
2. Que sea medible y específico.
Las metas amplias y vagas generan frustración porque no sabes si realmente estás avanzando. Cuando defines pasos concretos (“caminar 20 minutos cada X días”, “ahorrar 500 pesos a la semana”), tu conducta tiene una dirección clara y es más fácil mantenerla.
3. Pregúntate para qué te servirá.
Una meta que viene de la presión externa o de otras personas se abandona rápido. Conectar tu propósito con algo que realmente te importa crea una motivación más estable y menos frágil.
4. Incluye descanso y actividades placenteras.
El cambio no se sostiene sólo con esfuerzo. Hacer cosas que disfrutas ayuda a equilibrar el estrés y genera más motivación para no abandonar a mitad del camino.
5. Evita las exigencias (extremas).
Cuando te tratas como si tuvieras que cumplir al 100% todo el tiempo, aumentas la probabilidad de rendirte al primer tropiezo. La flexibilidad hace que el avance sea más constante y menos desgastante. Desea y busca lograr esos cambios pero no te exijas demasiado como si fuese ese el único camino o momento.
6. Sé constante.
La repetición crea hábitos, y los hábitos hacen que la conducta cueste menos. No necesitas hacer mucho de golpe, sino poco pero frecuente. Las cosas son más fáciles mientras más las realizas.
7. Tolera la frustración.
Habrá días en los que simplemente no podrás. Eso no significa que “ya fallaste”. La forma en que interpretas esos días es clave: un tropiezo no elimina tu progreso.
8. Recuerda que nadie es perfecto.
La autoexigencia rígida genera culpa innecesaria. Ser más amable contigo mismo reduce la presión y te ayuda a retomar el camino sin castigos. Nadie es perfectamente sano.
9. Sé realista con los tiempos.
El cambio verdadero es lento. Ajustar el ritmo y tus expectativas evita que interpretes la normalidad del proceso como un fracaso personal, en ocasiones ir lento será lo más sano.
10. Disfruta el proceso.
Si sólo esperas sentirte bien cuando llegues a la meta, te perderás de todo lo que estás construyendo en el trayecto y quizás tampoco disfrutes lo logrado. El proceso es ya un mérito. Cumplir tus propósitos no depende de tener “más ganas”, sino de crear condiciones que favorezcan el cambio. Ser claro, flexible, constante y amable contigo mismo aumenta las probabilidades de avanzar hacia donde quieres. Si te sientes atorado en alguna de tus metas o no sabes por dónde empezar, pero sabes que buscas un cambio, buscar apoyo profesional puede ser un buen comienzo.
Publicado originalmente en: https://psicomerida.com/blog-articulos-y-mas/